Un sitio en la red ayuda a construir una genealogía

Un primo, que vive en Guatemala, envió a la paceña Sonia Soruco una invitación virtual para construir un árbol. No cualquier árbol, sino uno genealógico. La joven se entusiasmó, introdujo los datos e invitó a sus padres a unirse a la red y éstos aportaron con más información sobre abuelos, tíos, cuñados, etc.

La genealogía es una ciencia auxiliar de la historia que estudia la ascendencia y descendencia familiar de una persona. Requiere, en tal sentido, de especialistas. Se necesita de método, conocimiento de archivos, tiempo y dinero si se trata de seguir las huellas de una familia hasta tiempos muy remotos.

El historiador Mariano Baptista dice que es muy humano el interés por identificar las raíces. “Y más ahora, cuando hay un vacío espiritual tan grande, no es que yo sea religioso, y la gente está afanada en aferrarse a algo para no dejarse llevar por el vendaval del mundo, para no ser como pueblos en el desierto”.

Esa necesidad, sin embargo, tiene excepciones, identifica Baptista. Los jóvenes, en general, no parecen muy interesados en el pasado. “Tengo una fotografía antigua de familiares y mis hijos nunca han mostrado el menor interés por saber de quiénes se trata”, cuenta. Por otro lado, “hay personas de pueblos indígenas en nuestro país, tanto tiempo humillados, que carecen de pasado”. En los archivos nacionales “existe poquísima información sobre ellas; de todas maneras, muchos de los descendientes acuden a esos centros documentales pero más que por interés familiar, para contar con respaldo en materia de tierras”.

Armar un árbol puede ser un negocio. En internet hay varias ofertas para armar ramas y raíces a cambio de sumas de dinero. El servicio incluye la elaboración e impresión de la información en cuadros de diversos modelos y con atractivos marcos que se pueden lucir en la sala.

Como señala Baptista, pese a las excepciones anotadas, conocer de dónde se procede es muy importante para una persona. Así lo demuestran los hijos adoptados que emprenden toda una investigación para conocer a sus padres carnales, ejemplifica.

Igual pasa con grupos humanos, como los afroamericanos, que han emprendido, y emprenden, cruzadas para conocer de su pasado. Y, en sentido inverso, africanos que han dado el salto hasta Europa y América para conocer el destino de los descendientes de los antiguos esclavos. La literatura y el cine han recogido el tema en series como la estadounidense Raíces o la película francesa Little Senegal.

Volviendo al caso de Sonia, hay que decir que el instrumento que le permite sondear en el mundo de sus relaciones familiares se llama geni.com. Allí, gratuitamente, cualquier persona que no haya recibido antes una invitación, puede iniciar el camino. Se ingresa el nombre completo, el de los abuelos, padres, hermanos, hijos y lo que se desee especificar. En cada caso se indica si la persona está viva o no; si la opción es la primera, se coloca el correo electrónico para invitar a ese miembro a sumarse. Éste ayudará a que el árbol se ponga más y más frondoso.

Cada miembro de la familia puede alimentar de datos su perfil: colocar la profesión, los estudios, los gustos, los proyectos. “Lo interesante es que se incluye un calendario de cumpleaños, aniversarios y otros, y geni.com envía avisos para recordar las fechas”, dice Sonia que, antes de conocer esta posibilidad, era tan indiferente al tema como los jóvenes citados por Mariano Baptista. Su actitud ha cambiado por un sistema que es divertido y que, por la comunicación que facilita, a través de fotografías, videos y mensajes, funciona como un sitio de socialización virtual tipo Hi5 o Facebook, solamente que entre los miembros de una misma y cada vez más frondosa familia.

“Me he vinculado inclusive con la familia política de la que sabía poco o nada”, añade Sonia. Su primo en Guatemala está casado y la esposa, a su vez, ha introducido datos de su tronco.

Otro usuario, Javier Rodrigo, comenta que se ha enterado por geni.com de que tiene primos de tercer grado en Suiza y España, con los que ha iniciado charlas virtuales y ha hecho el compromiso de reunirse algún día.

La velocidad que permite internet ahorra tiempo y dinero. “¿Sabes cuántas llamadas de teléfono me hubiese costado llegar a mis parientes europeos?”, pregunta Javier. Quizás el método no sea muy científico, pero que las fuentes son de primera mano, son.

(Publicado en el diario La Razón del 24/08/08)

1 comentarios:

Claudia dijo...

que pena que geni.com sea solo en ingles.

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